Mini Repo

  • Compartir:
  • A+
  • A-

27/12/2010

Estoy apasionado con este momento político



Entrevista al diputado Francisco Tito Nenna

Es imposible hacer con Francisco “Tito” Nenna un repaso de su historia y no hablar de La Boca; allí nació, allí se crió en un conventillo, allí empezó su militancia política y social y allí quiere vivir hasta el último día de su vida. “Pienso seguir ahí siempre”, afirma. Sólo despegó de ese barrio de joven, para hacer su experiencia como maestro en una escuela aislada en medio de la alta meseta patagónica, y en La Boca vivió también su exilio interno en los años de la dictadura militar durante los que trabajó como fletero.

Su padre era radical, pero a él lo sedujo el peronismo, al que siempre vio como “el lugar de defensa de los trabajadores”. Su interés por la defensa de los trabajadores lo acercó también al sindicalismo, donde hizo carrera hasta llegar a la conducción del principal sindicato docente de la Ciudad de Buenos Aires. Nenna integra hoy el bloque del Encuentro Popular para la Victoria y se plantea “transformar a la Legislatura en una herramienta para la comunidad”.

¿Qué lo llevó en su momento a acercarse a la política?
Yo llego a la política desde la docencia, desde el sindicalismo, pero empecé realmente a trabajar en la política desde lo social, en el barrio.

¿Qué barrio?
La Boca; en la iglesia de San Juan Evangelista con los curas tercermundistas, como empezaron muchos de los militantes de la década del 70.

¿Cómo se vinculó con la iglesia?
Íbamos a jugar al fútbol a la parroquia.

¿Qué edad tenía?
Unos 14 años. Estuve mucho en la iglesia trabajando con el cura, en Garibaldi y la vía, en la época que todavía estaba el tranvía. En verano hacíamos apoyo escolar; o sea, lo que hoy son las escuelas de verano. En aquel momento estaba la Obra de los Patios Boquenses; íbamos y proyectábamos películas en los patios de los conventillos.

¿Iba al colegio de la iglesia de San Juan Evangelista?
No, nunca fui a ese colegio. En La Boca sí había muchos que iban, pero yo no; yo hice el jardín de infantes en el Quinquela Martín, la primaria en la Escuela 1 del Distrito Escolar 4, el secundario en el Mariano Acosta y la universidad en Filosofía y Letras de la UBA; lo mío siempre fue la educación pública. El San Juan Evangelista tenía y sigue teniendo mucha influencia en La Boca y muchos de mi barra iban a la escuela de la iglesia. Además, la relación con los curas en aquella época era muy diferente; el cura venía, por ejemplo, a jugar con nosotros al potrero. Me acuerdo que casi terminando el secundario, recibiéndome de Maestro Normal Nacional, vinieron unos curas franceses a vivir a un conventillo; jugaban al fútbol con nosotros y después de los partidos nos hacían leer y discutíamos de política. A partir de ahí muchos amigos míos empezaron a incursionar en lo que fue la izquierda, pero yo me incorporé a la Juventud Peronista.

¿Por qué el peronismo?
Mi viejo era radical yrigoyenista de toda la vida; o sea que no fue por una cuestión familiar. Mi viejo era un laburante que siempre laburó en los astilleros y discutía mucho con mi viejo porque yo veía en el peronismo y su historia el lugar de defensa de los trabajadores.

Eran los años de proscripción del peronismo…
Sí. Muchos compañeros estaban militando en la clandestinidad y cuando empecé a militar era casi imposible. Cuando empecé a trabajar como maestro, me acerqué al sindicato.

¿Cómo eran las discusiones de política con su padre?
Discutimos mucho hasta septiembre de 1970, cuando caí preso en una marcha y estuve preso en Devoto seis meses; era la época de la dictadura de Alejandro Lanusse. Mi viejo laburaba en un astillero en la Isla Maciel, cerca de La Boca, donde siempre vivimos, y la que venía siempre a visitarme era mi vieja. Mi viejo consiguió, gracias a un cura y a un puntero radical, Carlos Bello, venir un domingo a contra turno de las visitas de los que entre comillas éramos presos políticos. El siempre se mostraba muy duro, pero aquel día cuando nos despedimos, voy bajando la escalera y lo veo llorar. En ese momento, dije “hasta acá discutimos de política”.

¿Cómo fue su infancia y cómo era su familia?
Familia tipo. Tengo una hermana, ocho años mayor que yo. Mi viejo era hijo de familia italiana, muy tradicionalista, presidente de un club de barrio. Vivíamos en un conventillo, en Martín Rodríguez 523, a media cuadra de Casa Amarilla. Jugábamos al fútbol ahí, cuando en Casa Amarilla estaba la estación de tren donde traían las papas y las cebollas. Mi infancia transcurrió en Boca; iba a nadar al club, iba a ver a Boca; era el club del barrio, donde íbamos a hacer deportes; yo nadaba y jugué waterpolo toda la vida. Tuve una infancia muy feliz; la infancia del barrio, de salir con los pibes, de juntarse en la esquina, de jugar a la bolita y al hoyo pelota.

¿Añora ese tipo de vida para los chicos de hoy?
Sí. En la década del 80 trabajé mucho en el tema recreativo y en lo que se llamó Piedra Libre, que era un programa del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires, en el que hacíamos todos estos juegos de nuestra infancia. Es necesario recuperar el juego; no añoro volver a esa época, pero sí recuperar los espacios que tenían los chicos en aquel momento y no estar encerrados.

¿Cómo fueron sus primeros pasos como maestro?
Mi primera escuela fue una privada, el San Francisco, que está en Moreno y Balcarce; una privada sui géneris, gratuita y muy chiquita a la que iban los chicos de los conventillos de la zona. Primero tuve una suplencia en cuarto grado y después en séptimo. Tenía 18 años recién cumplidos y alumnos de 14. Fue una experiencia muy rica. Amo a los chicos y la educación; no sólo trabajábamos en la escuela, sino que también íbamos a los conventillos y hacíamos trabajo social.

¿De dónde le surge esa vocación docente?
De mi maestro que quinto grado, Camilo Baglieto; yo lo adoré y lo adoro. Por él fue que decidí ser maestro. De toda la barra de amigos, fui el único que seguí la docencia.

No es común que los varones sean maestros.
No es común hoy y mucho menos en aquella época. Todavía me acuerdo de la reacción de mi viejo cuando le dije que iba a ser maestro; él quería que siguiera el perito mercantil, que fuera un empleado bancario y que después fuera contador. Cuando le dije que me iba al Mariano Acosta, que quedaba a casi una hora de mi casa… él tenía la lógica de que su hijo tenía que ser doctor.

¿Qué impacto produjo en su vida el haber estado preso seis meses en Devoto?
Aprendí mucho de política en esos meses; leí muchísimo y fue central en mi formación porque estábamos con cuadros políticos importantes.

¿Y en lo personal?
Yo tenía 18 años y casi fue como un internado. Al salir, además, tuve mucha contención de parte de mis amigos y de la militancia; en el barrio hicieron una fiesta para recibirme; no lo tuve que esconder.

¿Estuvo en la vuelta de Perón a la Argentina?
Sí. Estaba haciendo el servicio militar en la Fuerza Aérea, en el Taller Regional Quilmes, hacía guardia en lo que era el Servicio Meteorológico Nacional, y me escapé. A Ezeiza no pudimos llegar, pero sí fui al día siguiente a Gaspar Campos. El 11 de marzo no pude votar porque de castigo por esa escapada me pusieron una prórroga.

¿Cómo pasó los años de la dictadura?
Fueron complicados. Después de casarme me fui a trabajar al sur. Para esa altura yo ya había empezado a militar fuertemente en el sindicalismo, era el año 74 y ya estábamos complicados con persecuciones, empezaba la Triple A.

¿Adónde fueron?
A la Escuela 59 de Fofó Cahuel, que quiere decir caballo loco, en el oeste de Chubut, en la alta meseta patagónica, a 120 kilómetros de Esquel. Era una escuela con albergue, sola, en el medio de la nada. Los chicos venían de distintos lados y se quedaban; tenía un período especial, de septiembre a mayo.

¿Sólo estaban usted y su mujer?
Nosotros y otros dos maestros más. Al llegar, empezamos a trabajar con la población y estaba el programa para aborígenes del Ministerio de Bienestar Social. Después de un año me dijeron que ahí ya no podía trabajar y me fui a Cerro Centinela, en Corcovado, en la Cordillera, donde también hicimos un trabajo social muy grande con el cura y la comunidad, que en su mayoría eran mapuches y araucanos. En el 76 empezamos a tener problemas con la gente de Bienestar Social de Chubut y comenzaron a venir de Gendarmería y otras fuerzas hasta que en marzo del 76 hicimos un viaje con los chicos de mi escuela a Rawson y el ministro de Educación de la provincia me convoca a la sede del gobierno provincial y me dice “usted maestrito se equivoca, no tiene que organizar ni hacer nada porque así la cosa no va más”. Al volver a Cerro Centinela el cacique de la zona me dice que la Gendarmería estaba yendo a hacer preguntas sobre mí y que tenía que irme porque corría peligro; tenía 25 años, mi primer hijo de 6 meses y mi mujer embarazada del segundo. Me fui a Esquel el 22 de marzo del 76 en un Jeep que nos consiguieron y el 24 de marzo estábamos arriba de un camión escapándonos también de esa ciudad. Volví a Buenos Aires tres meses después y me instalé de nuevo en la casa de mis viejos. Empecé a trabajar otra vez y pude trabajar un año hasta que en abril de 77 el director de la escuela 14 del Distrito Escolar 4, donde trabajaba, llama a la vecina de casa, porque nosotros no teníamos teléfono, y me dice que no vaya porque había cuatro coches esperándome. A partir de ahí tuve un exilio interno: me cesantearon del cargo y trabajé como fletero hasta fines del 82.

¿Cuántos hijos tiene?
Cuatro de mi primer matrimonio, dos de mi segundo matrimonio y otros dos más que son de mi mujer pero que es como si fueran propios.

¿Cómo se maneja con ocho hijos?
Con mucho esfuerzo, laburando… es muy lindo. Los viejos nos dejaron eso de que la familia era un lugar de mucha contención. La verdad que tengo que agradecerles a mis viejos, a mis amigos y al barrio; porque que hoy esté vivo también se lo tengo que agradecer al barrio. Durante la época de la dictadura fui viviendo en distintos lugares de La Boca sin que nadie pusiera reparos.

¿Salvo por su experiencia como docente en el sur, nunca se fue de La Boca?
Sigo estando en La Boca y pienso seguir ahí siempre. Lo más lejos que me fui una vez fue hasta Barracas, pero siempre volvía al barrio.

¿Qué tiene La Boca que tanto lo atrae?
Tiene esa cosa de contención de los barrios, tiene los recuerdos de la infancia, de los amigos, la familia, los inmigrantes; yo me crié en un conventillo y ahí la cuestión familiar es muy importante; por eso también siempre trabajé en escuelas del barrio. Aunque ahora no está como antes, yo salgo, voy al almacén, al bar y me tomo un café con los muchachos.

Usted fue uno de los protagonistas de la huelga de hambre que hicieron los maestros durante la Carpa Blanca. ¿Cuántos días estuvo sin comer?
La primera fueron 28 días. Después estuve 15 días en diciembre del 97 y después llegamos a hacer 34 días de ayuno. Aquella Carpa Blanca fue otro lugar de contención y de formación.

¿Cómo se sobrelleva tanto tiempo sin comer?
Hubo mucha contención de los compañeros que eran ayunantes y de todos los que rodearon a la Carpa Blanca, que fue creciendo hasta transformarse en un hecho social que excedió el reclamo educativo y pasó a ser un hecho político de la expresión de muchos conflictos de la década del 90. También hubo mucho acompañamiento de los familiares.

¿Cómo hace para despejarse de la política?
Me desconecto absolutamente con el fútbol. Voy a ver a Boca a la tribuna, no a la platea, y ahí me desconecto de todo. También en el café con los amigos, en los asados o antes jugando al fútbol, porque ahora ya no puedo. Ahora ando en bicicleta, voy a correr a la Reserva Ecológica, pero donde más me desconecto es en la terraza con mis plantas. Tengo muchas plantas y cuando vuelvo a la noche las riego, me gusta mucho.

Un lugar en el mundo que no sea La Boca…
El lugar donde paso mis vacaciones todos los años: Pantano do Sul, en el sur de Brasil. Es un puerto de pescadores muy parecido a La Boca. Me gusta la playa y hace diez años que vamos ahí con toda la familia. Ahora algunos ya no van porque se han casado y tienen sus hijos.

¿Qué tal es como abuelo?
Mis nietos son una locura. Tengo cuatro: Ambar, Martina, Facundo y Juan Manuel. Estamos muy bien y uno se pone muy chocho con los nietos.

¿Qué diría de su experiencia como legislador?
Yo estoy apasionado con este momento político, no con la Legislatura en sí, sino con el momento que estamos viviendo. El lugar principal para mí no es la Legislatura, sino los barrios, el cuerpo a cuerpo que mantengo con la gente. Si uno se queda adentro la Legislatura lo atrapa y lo transforma; yo no quiero que me transforme, sino transformar a la Legislatura en una herramienta para la comunidad.

28/11/2017
Reunión
ESTADO
Próxima
SESIÓN
ESPECIAL
Documento Labor

23/11/2017
Reunión 34
ESTADO
Finalizada
SESIÓN
ORDINARIA
Documento Labor
+Info

16/11/2017
Reunión 33
ESTADO
Finalizada
SESIÓN
ORDINARIA
Documento Labor
+Info

09/11/2017
Reunión 32
ESTADO
Finalizada
SESIÓN
ORDINARIA
Documento Labor
+Info

02/11/2017
Reunión 31
ESTADO
Finalizada
SESIÓN
ORDINARIA
Documento Labor
+Info

12/10/2017
Reunión 30
ESTADO
Finalizada
SESIÓN
ORDINARIA
Documento Labor
+Info

05/10/2017
Reunión 29
ESTADO
Finalizada
SESIÓN
ORDINARIA
Documento Labor
+Info

Últimas Noticias


NUEVOS LEGISLADORES 2015

Ver Todo





La Legislatura y la gente

Nuestro Programa de TV


Bloque IV

Sección Cultural: Declaración de Interés Social y Deportivo al 2do. Día Paralímpico Argentino

Ver todos los programas


Twitter

aplicaciones

Descargate las Apps de tus Legisladores

Enterate de todo lo que queres saber y mantené contacto directo con las personas que te representan
Disponible la App Oficial de tu Legislatura