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20/05/2010

La sociedad civil mira con desconfianza a la política



Entrevista a la diputada Victoria Morales Gorleri

Victoria Morales Gorleri preside la Comisión de Educación de la Legislatura. Llegó a ese cargo como resultado de un largo recorrido que arrancó a los 15 años, cuando concurrió al oficio religioso que Juan Pablo II impartió en la 9 de Julio en su visita a Buenos Aires y se conmovió con su mensaje. Al poco tiempo desarrollaba tareas parroquiales y una vez recibida de profesora de educación especial empezó a trabajar en el arzobispado de la Ciudad de Buenos Aires.

En 2007 la invitaron a incorporarse a la lista del PRO y entonces pegó el salto a la política. Una entre cuatro hermanas, y gemela de una de ellas, es madre de cuatro varones y una activa promotora de la lactancia materna. Se identifica con el peronismo, por sus postulados originales y su adhesión a la doctrina social de la Iglesia. Su lugar en el mundo: el lago Paimún al pie del volcán Lanín. Prefiere acampar allí a alojarse en un hotel cinco estrellas.

¿Cómo fue su aproximación a la política?
Llegué a la política desde mi trabajo en la Iglesia. Trabajaba en la Vicaría de Educación del Arzobispado de la Ciudad de Buenos Aires en proyectos educativos para jóvenes. Desde ahí trabajé mucho en los últimos años para volver a entusiasmar a los chicos con la cosa pública y conocí a muchos actores del mundo político; a Marcos Peña, Santiago de Estrada, a Gabriela Michetti… cuando se armaron las listas en el 2007 me convocaron a participar de ese espacio.

¿Tuvo dudas en ese momento?
Lo dudé en términos personales por cuestiones de la dinámica familiar porque tengo cuatro hijos chiquitos, pero no desde el punto de vista de los principios.

La política tiene mala prensa. ¿Nadie le dijo que siguiera en lo suyo y no se metiera?
Muchos. Una de mis hermanas me dijo que la diferencia entre lo que yo venía haciendo y lo que iba a hacer era que estaría en juego mi nombre, que me iba a ensuciar. La entendí desde la historia que tenemos los argentinos en la política reciente y desde el lugar de la sociedad civil que mira con muchísima desconfianza a la política, pero en la medida en que no nos involucremos todos no vamos a cambiar esa situación.

¿Qué prejuicios tenía usted en relación con la política?
De corrupción, de política de escritorio, de falta de diálogo con la sociedad civil, de entender por dónde van los problemas de la gente, de que nadie me iba a dar una mano. Algunos se confirmaron con ciertas personas y otros no. Cuando uno tiene muchos fantasmas, lo mejor es prender la luz; eso fue lo que me sucedió al entrar a la Legislatura: me encontré con gente muy honesta, que buscaba la realidad de la calle y las soluciones para la gente.

¿Cuánto pesa en su caso lo ideológico a la hora de acercarse a sus pares?
No pesa para nada; al contrario, en un punto me crea dificultades con mi propio espacio. Por ejemplo, tenía una excelente relación con Patricia Walsh, con quien pude construir mucho; lo mismo con Liliana Parada. Los vínculos personales van más allá de las ideologías políticas.

O sea lo personal termina, en determinados momentos, influyendo en cuestiones políticas.
Ayuda a establecer vínculos de confianza y hoy, justamente, uno de los males de la Argentina es la falta de confianza.

¿Logró hacerse amigos en la Legislatura?
Sí. La amistad es algo que se construye con tiempo y muchas cosas en común; no puedo comparar las amistades que hice en la Legislatura con mis amistades de años, pero me he acercado a mucha gente con afecto y siento que en muchos casos puedo tener una respuesta y un hombro.

¿De dónde son sus amigos de la vida?
Algunos están en política porque los he traído a trabajar conmigo, pero en realidad no son gente de este ambiente.

¿Habla de política con ellos?
Las charlas sobre política surgen inevitablemente. A veces prefiero desconectarme, porque el trabajo en la política lleva mucho tiempo, pero en las reuniones sale el tema.

¿Qué perdió a partir de su incursión en política?
Perdí gente cercana que no entendió que me metiera en política y empezó a mirarme con desconfianza y también perdí tiempo para estar con mis hijos y poder compartir cosas con mi esposo.

¿Cómo se tomó su esposo su ingreso a la política?
Tenemos un matrimonio muy lindo y compartimos mucho todo lo que hacemos. Afortunadamente lo tomó como un proyecto de los dos y así lo seguimos viviendo. No está en política, pero este no es un desafío individual, sino de la familia. Para mí la política no es mi trabajo, sino mi proyecto de vida y él es parte de mi proyecto de vida.

Pero alguna que otra vez le tirará la bronca por los horarios de la política.
Sí, por supuesto… “otra vez yo sólo con los chicos haciéndoles la comida”. Los lunes son sagrados porque él juega al fútbol así que yo no me planifico ninguna reunión.

¿En política se pierde mucho tiempo en reuniones y cuestiones que se podrían evitar?
Sí, pero creo que son inevitables dentro de la cultura argentina. Además, esas reuniones en las que se hablan pavadas también son necesarias para establecer y afianzar vínculos con los demás, para poder después tomarte un café con alguien y que el otro recuerde haber estado riéndose con vos en una cena.

¿La política es más difícil para la mujer?
Creo que sí. Lo que vive la mujer en la política es lo mismo que vive en una empresa: tener que congeniar la familia y el trabajo. Cuando uno llega a las ocho y media a su casa y tiene por delante cocinar, darles de comer, ver la tarea, bañarlos y acostarlos y estás con todo el bagaje del trabajo y la responsabilidad que eso significa es muy difícil tener tiempo de calidad con los chicos. Es esa la principal dificultad que tenemos y no la discriminación por ser mujer. Otra diferencia con lo hombres es que a lo mejor a las mujeres no nos abren la puerta de entrada, sino que debemos abrirla nosotras, pero la mirada de la mujer en la política es muy necesaria.

¿Por qué?
Porque aporta lo femenino, lo que tiene que ver con la prevención o previsión de situaciones, el pensamiento a largo plazo y previendo las situaciones complicadas; tenemos la capacidad de generar diálogos y consensos de otra manera mientras que el hombre rápidamente entra en la situación de confrontación. También es cierto que muchas veces en la política la mujer abandona sus cualidades femeninas.

Tiene cuatro hijos.
Si, cuatro varones.

¿Y la nena?
Ahí, esperando que algún día llegue; no termino de decidirme. Me dan ganas de seguir intentando, pero dudo.

¿Qué edad tienen sus hijos?
Santiago tiene 12; Ezequiel, 9; Rafa, 5; y Lautaro, 3.

¿Cómo se organiza con cuatro? ¿Cómo es uno de sus días habituales?
Hay que ser muy organizada. Lo que hago es agendarme lo más que pueda en cuanto a mi trabajo y mis hijos; me agendo llevar al quiosco a Rafa, me agendo el pediatra, me agendo todo, y hay cosas que son inamovibles aún cuando pudiera tener una reunión con Mauricio Macri. Me levanto temprano y con Juano, mi marido, organizamos todo a las corridas hasta que los chicos se van a la escuela y ahí empieza mi día. Trato de arrancar lo más temprano posible para estar con ellos en la cena.

¿Qué hacen los fines de semana?
Rara vez hago cosas vinculadas con la política. Son sagrados para mi familia.

¿Le gustaría que sus hijos se involucraran en política?
Me gustaría que fueran felices y si a ellos los hace felices participar en política, me encantaría. Cuanta más gente con ganas de hacer las cosas bien se meta en política, más esperanzas hay y creo que estoy educando a mis hijos con las suficientes agallas para enfrentar todas las dificultades que puede haber en política y que nos pone la vida a todos en todo momento y en todo lugar.

¿De dónde viene su vínculo con la Iglesia?
Siempre fui a escuela pública; mi familia era católica, pero no practicante, y de hecho recuerdo que mi padre una vez me dijo que él sólo compartía la moral de la Iglesia. Cuando vino Juan Pablo II vivía a muy pocas cuadras del lugar de la 9 de Julio donde se puso el escenario. Yo tengo tres hermanas mujeres y fuimos a una vigilia de jóvenes a ver qué pasaba. Tenía 15 años y el mensaje de Juan Pablo II me conmovió mucho y también cómo vivían ese momento los chicos de las parroquias que estaban ahí. Un tiempo después una amiga me invitó a ir con unos amigos de ella al Italpark y me llevó a la puerta de una parroquia. Pensé que iba a ser un plomo, pero ahí me enganché con la vida parroquial. Empecé a ir a grupos de jóvenes y con un grupo misionero íbamos todos los sábados durante cinco años a ayudar a un barrio muy humilde en José C. Paz. A partir de ahí conocí al sacerdote que hoy es vicario de Educación, Juan Torrella, y cuando me recibí de profesora de educación especial me invitó a trabajar al arzobispado.

¿Sus hermanas también se sumaron a la Iglesia?
No, una de ellas, muy posteriormente con la comunión de sus hijos se enganchó mucho y es catequista.

¿Qué opinaba su padre de su decisión de vincularse con la Iglesia?
Le gustaba mucho mi participación solidaria, pero tenía temor… no es marxista, pero en algún momento me citó aquello de que la religión es el opio de los pueblos y me dijo que tuviera cuidado, pero fue entendiendo que era una cuestión del corazón de cada uno.

¿Y cuando decidió ingresar a la política?
Fascinado. Nunca me lo dijo, pero tal vez le gustó más que lo de la Iglesia. Es doctor en Historia y siempre le fascinó la política; es peronista y tenemos una mirada muy parecida de las cosas.

¿Usted con qué partido se identifica?
Con el peronismo, también; a lo mejor por su cercanía con la doctrina social de la Iglesia. Me identifico con el origen del peronismo.

Cuatro hermanas mujeres y madre de cuatro hijos varones.
Increíble, sí. Además, una de mis hermanas es mi gemela; cuando viene acá a la Legislatura la confunden conmigo.

¿Qué significa tener una hermana gemela?
Algo increíble, para mí es difícil de explicar; se establece un vínculo muy particular, de sentir qué está sintiendo, de saber las cosas antes de que me las diga. De todos modos, tenemos personalidades absolutamente distintas.

¿A qué se dedica ella?
Es hippie, tiene una onda totalmente distinta a la mía. Para sobrevivir tiene ahora una empresita de administración de consorcios, pero lo que le interesa es pintar y escribir; se vincula con músicos. Yo, en cambio, soy Susanita.

Tendrán miles de anécdotas, sobre todo de adolescencia y juventud.
Hemos hecho trampas, sí. Me acuerdo que María estaba de novia y no se animaba a patearlo y me pidió que fuera y me hiciera pasar por ella… éramos chicas. A mí marido también le hemos hecho cosas, como cambiarnos de ropa, para ver si se confundía.

¿Y?
El lo niega, pero se confundió!!!

¿Cómo vive el hecho de que a partir de su prédica a favor de la lactancia materna la identifiquen como la legisladora de la teta?
No era mi intención, ni tampoco creo que sea mucho lo que hice por la lactancia materna, pero para el mundo político fue una gran sorpresa porque no está dentro de las preocupaciones de la política y llama mucho la atención.

¿Le pone algún plazo a su participación en política?
Me imagino para siempre trabajando por mi país porque me doy cuenta que es una vocación. Si es desde el mundo político o no, no lo sé. Creo sí que la política es la herramienta fundamental para cambiar la realidad.

¿Qué hace en los ratos libres además de disfrutar a sus hijos?
Tengo tan poco tiempo de ocio… mis hijos son mi descanso; juego al fútbol, armamos casitas en el living, que los fines de semana se convierte en una gran nave con frazadas y broches de ropa.

¿Qué tipo de vacaciones le gustan?
Me gusta mucho la Patagonia; ese es mi lugar en el mundo.

Coincide con los Kirchner.
Sí, pero con menos lujo, porque a mí me gusta la carpa, el fogón, al lado de lago y con una montaña nevada al fondo. En mi luna de miel ahorramos y nos fuimos al Caribe, pero estaba en el hotel y extrañaba la carpa en el lago; prefiero eso al hotel 5 estrellas porque es ahí donde me desenchufo.

¿Qué lago y qué montaña?
El Paimún y el Lanín, una belleza; por ahí el año que viene lo sumo, pero tengo que dejar de fumar.

¿Y ya salió en carpa con los cuatro chicos?
Con los cuatro, no. Este año estuvimos en Pampa Linda, camino al Tronador; estábamos en carpa, pero a la noche me iba a dormir al parador con los más chiquitos y mi hermana se quedaba en la carpa con los más grandes.

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