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29/06/2010

La política debe servir para beneficiar a los demás y no para beneficio propio



Entrevista a la diputada Adriana Montes

Hija de políticos radicales y sobrina nieta de dirigentes fundadores del radicalismo, Adriana Montes fue la única de cuatro hermanos que siguió el camino de sus padres y empezó a militar en el alfonsinismo a principios de los 70. “Ninguno creía que yo iba a seguir adelante durante tantos años hasta llegar a ser legisladora”, cuenta. Licenciada en Ciencias de la Comunicación y Relaciones Públicas, su primer cargo fue en ATC. Al llegar allí se propuso mejorar las condiciones de vida de los empleados y, entre otras tantas cosas, armó un jardín maternal que fue el primero dentro de un canal de televisión latinoamericano.

Dice que en esos años descubrió el interés por los temas sociales que aún hoy siguen siendo prioritarios en su agenda. La otra prioridad de Montes, que allá por el 2001 dejó con “dolor” pero también con “entusiasmo” el radicalismo para seguir a Elisa Carrió, está fuera de la política: son sus dos nietos. “Como abuela soy una tonta”, admite con orgullo.

¿Para aquellos que no la conocen, quién les diría que es Adriana Montes?
Me presentaría como una dirigente política que ha militado durante muchísimos años, no digo cuántos porque así no descubren mi edad (se ríe), y les diría también que me interesan muchísimo todos los temas sociales y todo lo que tiene que ver con los niños, adolescentes y las personas que están viviendo en la calle. Siempre estoy trabajando en función de mejorar las posibilidades de la gente que no puede acceder a determinadas cosas.

¿De dónde viene su interés por los temas sociales?
La vocación política te lleva a tratar de ir metiéndote en determinadas áreas. Yo tenía 30 y pico de años cuando Raúl Alfonsín ganó las elecciones del retorno a la democracia y mi primer cargo político fue como asesora de la presidencia de ATC; soy licenciada en Ciencias de la Comunicación y Relaciones Públicas. Llegué a un canal de televisión después de los años que habíamos tenido y empecé a pensar qué podía hacer para tratar de mejorar algunas condiciones de vida de los empleados. Ahí descubrí, a lo mejor, mi veta por todo lo que tiene que ver con ayudar a los demás y resolver problemas comunes.

¿Qué hizo en ATC?
Una vez en el canal empezamos a pensar qué podíamos hacer y comenzaron a llegarnos distintas propuestas de las propias empleadas; una de las cosas era hacer el jardín maternal en ATC y lo hicimos. En dos años construimos el jardín maternal dentro de ATC y fue el primero dentro de un canal de televisión latinoamericano. A partir de eso, empecé a ver que había otras muchas cosas que la democracia podía empezar a dejarles. Hice toda la parte de servicios sociales del canal; las cosas que se recibían por canje publicitario se vendían al personal a precios mínimos y a descontar en cuotas.

¿Cuánto tiempo estuvo en el canal?
Los presidentes en esa época cambiaron siete veces, pero yo estuve nueve años.

O sea que siguió incluso una vez finalizado el gobierno de Alfonsín.
Sobreviví, exactamente; y fue gracias al personal que no quería que me fuera porque los empleados habían logrado cosas que nunca habían podido tener antes en un canal tan grande e importante como era ATC en aquel momento y no un canal oficial como es ahora.

¿Cuándo empezó su militancia política?
A los 18 años me afilié al radicalismo y compré mi primer auto, un Fiat 600. Empecé a militar con Julio Saguier y Octavio Gauna en una de las parroquias más importantes de la ciudad de Buenos Aires y fundadora del Movimiento de Renovación y Cambio.

¿En su familia había antecedentes de militancia?
Sí. Mis padres siempre militaron en política y mis tíos abuelos fueron fundadores del radicalismo.

Estaba destinada a ser radical…
Exactamente. Mi mamá fue secretaria privada de Arturo Illia y mi papá fue jefe de prensa de la Casa de Gobierno durante el gobierno de Illia también. Cuando me fui al alfonsinismo por poco era la zurda de la familia; era algo terrible para ellos y me miraban con cara extraña.

¿Discutían mucho de política?
Teníamos discusiones fuertes; ellos no entendían qué era eso nuevo de Alfonsín, con un discurso tan raro, tan distinto al de Ricardo Balbín y a lo que ellos estaban acostumbrados. Mis padres no daban mucho crédito ni validez a lo que estaba haciendo, pero yo estaba fascinada; me encantaba militar.

¿Qué la enamoró de Alfonsín?
Sus ideales. En esa etapa de la vida tenía 20 y pico de años y me encantaba la militancia, poder hablar con la gente… me acuerdo que uno de mis compañeros en la sección 19 era Facundito Suárez Lastra; la gente nos abría las puertas de sus casas, nos recibía y nosotros empezábamos a divulgar algo nuevo dentro del radicalismo.

¿Extraña la forma de hacer política de aquellos años?
Muchísimo, ya nadie se integra ni participa, ni tiene ganas de saber algo nuevo en política como pasaba en aquel momento; aquello era mucho mejor. Me casé en el ‘73 y en el ‘74 nació mi primera hija. Seguí militando, pero en la etapa de crecimiento de mis hijos sólo hacía alguna actividad. Ya también era la época donde nos escondíamos. Trabajábamos en la casa de Saguier, ahí en la calle Copérnico.

¿Cómo vivió aquellos años de la dictadura?
Como casi todos los argentinos; sabía de muchas cosas que pasaban, pero uno no sabía la magnitud de lo que estaba pasando realmente. En el ‘78, de hecho, nos preguntábamos por qué los diarios en Europa decían que la Argentina era un baño de sangre; uno vivía confundido y no creía que estuvieran pasando las cosas que se decían en el exterior. Cuando volvió la democracia nos enteramos de todo lo que había pasado en esos terribles años.

Como alfonsinista debe haber vivido con euforia el 83.
Fue algo increíble. No me olvido más del cierre de campaña en la 9 de Julio. En aquel momento tenía un Fairlane y venía con el auto lleno de banderas… me acuerdo que justo pasamos delante de un grupo de peronistas que me quiso dar vuelta el auto; estábamos con unas amigas y mis hijos muy asustados. El ‘83 fue muy lindo, fue algo glorioso.

¿Qué recuerda de su infancia rodeada de padres y familiares vinculados a la política?
En mi casa se hablaba mucho de política; era una familia muy politizada. Me acuerdo de haber escuchado discursos de Lebenson y Nudelman en la novena, donde militaban mis padres, cuando tenía seis años; recuerdo que era muy aburrido, que me quedaba dormida en los sillones. De chica me aburría y todo me parecía muy pesado. Después con el tiempo eso va quedando y uno va tomando conciencia de que la política puede cambiar muchas cosas.

La política es una actividad muy demandante y difícil de compatibilizar con la familia. ¿Lo sufrió de chica con sus padres?
Todavía tengo algunas cosas con mi mamá, especialmente, porque la madre siempre es la que está pegada a los hijos. Mi mamá es socióloga, psicóloga, un cuadro impresionante, muy desarrollada intelectualmente, y siempre sentí que estaba muy distante de la problemática de sus hijos; nosotros éramos cuatro y ahora quedamos tres. Todavía sigo echándole algunas culpas por no haber estado.

¿Y cómo maneja usted eso con sus hijos?
Distinto. Siempre fueron muy pegados a mí y traté de estar con ellos el mayor tiempo posible. De hecho, yo volví a trabajar cuando el más chico, Fernando, ya tenía seis años, iba a la escuela y ya tenía inglés, natación y otras actividades. Siempre traté de repartir mi tiempo entre mis actividades y ellos. Lo hice justamente para no cometer el mismo error que le había adjudicado a mi mamá. Yo creí que nos desatendía porque estábamos con mi abuela mucho tiempo.

¿Cuántos hijos tiene?
Tres, ya son grandes; tengo dos nietos.

¿Cómo es en su rol de abuela?
Una tonta. Se vive doblemente el cariño y el afecto por los hijos y por los nietos, es increíble; es algo imposible de describir para quien no lo es.

¿De los cuatro hermanos que eran, hubo algún otro dedicado a la política?
No, sólo yo. Mis hermanas Cristina y Marcela se fueron a Estados Unidos; Cristina murió de un cáncer a los 50 años, Marcela está casada con un norteamericano y mi hermano vive acá. Ninguno creía tampoco que yo iba a seguir adelante en política durante tantos años hasta llegar a ser legisladora.

¿Y sus hijos?
El más chico probablemente se meta en política. Ninguno quería saber nada pero el más chico, que es abogado, tiene 31 y tiene pasta. Los otros dos no; Fernanda es mamá y colabora conmigo y Mariano tiene una empresa.

¿Ellos no se quejan de su mamá política?
No. Están muy contentos, me apoyan mucho.

¿Su marido también?
Sí, también; pasa que es un tipo muy callado y no se mete en mis cosas. Es abogado y nada que ver con la política; siempre me ha dejado desarrollarme y me ha dado fuerzas para que siguiera adelante.

¿En qué momentos la fastidia la política?
Cuando uno se mata haciendo proyectos y no tiene quórum en las comisiones o cuando los proyectos empiezan a dar vueltas y vueltas.

¿Le molesta la visión que la gente tiene de la política?
Sí, pero me parece que la gente tiene razón. Los políticos no han dado una buena imagen de lo que es la política, sino que la han corrompido y manoseado. La política debe servir para beneficiar a los demás y no para beneficio propio. Muchas veces eso de que se vayan todos es responsabilidad de los propios políticos.

¿A propósito del que se vayan todos, dónde estaba en el 2001?
Fundando el ARI con Elisa Carrió porque estaba cansada de los problemas que presentaba el radicalismo y consideré que Carrió era una persona muy honesta en su pensamiento y muy concreta en lo que tenía planificado en la política de este país. Sigo al lado de ella porque considero que no ha defraudado sus ideales.

¿Se sigue sintiendo radical?
Sí, indudablemente sigo teniendo mi corazoncito en la ideología del radicalismo; me fui porque muchos dirigentes radicales desvirtuaron esa ideología. El radicalismo es un sentimiento, es hereditario. Cuando me fui del radicalismo sentí mucho dolor y mucha bronca, pero también mucha alegría porque estaba emprendiendo un camino que quería emprender.

¿Volvería a la UCR?
No, creo que no. Igualmente tenemos que tratar de hacer lo mejor posible para lograr acuerdos y entendimientos para seguir trabajando cosas que tenemos en común.

¿Qué diría de la Legislatura?
Que es algo mucho más importante de lo que se ve desde afuera; que hay cosas que se hacen en la Legislatura que son muy importantes para los habitantes de la ciudad de Buenos Aires.

¿Qué hace en sus ratos libres de la política?
Los sábados salgo con mi nieto Lucas, porque el otro tiene apenas seis meses, y lo llevo al teatro, al parque, a comer; lo llevo a todos lados y me desconecto mucho. Y los domingos invito a comer a toda la familia.

¿Cocina?
Antes, ahora compro todo hecho; ya no tengo paciencia para ponerme a cocinar para todos.

¿Vacaciones?
Amo la playa. San Bernardo es mi lugar favorito; hace 20 y pico de años que vamos, mis hijos tienen a sus amigos, ahora casados con chicos, y seguimos fomentando esas relaciones familiares y de amistad; somos un batallón.

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