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La doctora Hilda Molina y Morejón recibió hoy el diploma de Personalidad Destacada de la Ciudad de Buenos Aires en el ámbito de los Derechos Humanos por iniciativa de los legisladores Alejandra Caballero y Héctor Huici. El acto se llevó a cabo en el Salón Dorado y contó con la presencia del escritor Marcos Aguinis, del político radical Hipólito Solari Yrigoyen, del jefe del bloque PRO en Diputados, Federico Pinedo y su par de la Legislatura, Carmen Polledo, entre otros. Participó también el legislador Cristian Bauab.

Durante su emotivo discurso, Molina decidió hacer un mea culpa por haber participado durante 35 años del régimen de Fidel Castro. “Hice entrega de mi libertad, mi derecho a pensar y de mi propia vida. Transité por caminos falsos y ajenos”, relató Molina, quien se refirió a “un plan maquiavélico para la expropiación mental y espiritual del pueblo cubano”.
 
La neurocirujana describió al régimen cubano como “una ideología alienante basada en el odio”, de la que se sindicó como “víctima y cómplice”, relatando cómo la causa que abrazó desde los 15 años se convirtió en la mayor desilusión de su vida.
 
“Hemos permitido que nos regulen las esferas más íntimas de nuestra vida, cómo debemos estudiar, qué debemos leer, cómo curarnos, y hasta cómo morir” siguió Molina, quien denunció que en su país “se destruyó la institución familiar para transformarla en un culto ciego al Estado”.
 
Molina también habló de la persecución a los religiosos y a los homosexuales en Cuba y describió a su país como una “isla cárcel donde se conculcan las libertades” y se lleva adelante un “apartheid étnico” que privilegia a los extranjeros.En esa línea relató que decidió abandonar su militancia cuando le comunicaron que el hospital que se había levantado con tanto esfuerzo dejaría de atender a cubanos y comenzaría a recibir “sólo a extranjeros que pagaban con dólares”. “No renuncié por motivos políticos sino éticos: se violaba el derecho de los enfermos y sus familias”, explicó.
 
Al comienzo del acto, la diputada Caballero había destacado a Molina como “un ejemplo de perseverancia incansable y lucha pacífica en la búsqueda de la vigencia de los más elementales derechos del ser humano", mientras que su par Huici indicó que “los derechos humanos son universales o no lo son. Y son exigibles en todos los gobiernos o son una farsa”.
 
También trazó una semblanza de la homenajeada Marco Aguinis, quien le agradeció su inspiración y criticó a quiénes se opusieron a la distinción. “Pertenecen a la clase política que Carl Marx se olvidó de describir en sus libros: la clase de los delincuentes”, apuntó.
 
"Molina es una persona con un compromiso inclaudicable con su pueblo y los más necesitados. Defendió cuerpo a cuerpo los derechos humanos de todos", la describió por último Pinedo.
 
Emocionada casi hasta las lágrimas, Molina agradeció por la distinción y la dedicó a su madre, ya fallecida, y a su familia.

Trayectoria
 
Hilda Molina y Morejón nació en Camagüey, Cuba, el 2 de mayo de 1943. Es doctora en Medicina graduada en la Universidad de la Habana y especializada en Neurocirugía. En 1959 se sumó a la epopeya convocada por Fidel Castro, quien prometió una Cuba sin las injusticias que angustiaban su adolescencia. Se puso a disposición de la Revolución, renunció a su beca, postergó sus sueños y el inicio de los estudios de Medicina.
 
Diseñó un centro donde se concentrarían los más importantes logros de las diferentes ramas de las Neurociencias, creó la Escuela Cubana de Restauración Neurológica; y al unísono multiplicó y sistematizó los intercambios epistolares con los científicos más destacados del mundo. Más tarde, el gobierno de Fidel Castro decidió desalojar del Centro a los enfermos cubanos para recibir allí únicamente a extranjeros con posibilidades de pagar los tratamientos. La Dra. Molina y el Consejo de Dirección del Centro protestaron de todas las maneras posibles sin respuesta, reclamando por los derechos de los cubanos enfermos, en particular, frente a su reubicación en instalaciones con condiciones no aptas y a la discriminación y maltrato sufridos.
 
Renunció así a su adhesión al régimen cubano, incluida su condición de Diputada, así como, en protesta por la violación de los derechos de los enfermos cubanos, devolvió las condecoraciones que había recibido en el transcurso de siete lustros de arduo trabajo.
 
Fidel Castro mantuvo a Hilda Molina cautiva en Cuba durante más de 15 años, prohibiéndole salir del país. Durante ese período fue víctima de agresiones físicas, mítines de repudio, hostigamiento, vigilancia estricta y los más variados métodos de tortura psicológica. Sin embargo, en esos años, acompañada por su madre, denunció constantemente la discriminación de los pacientes cubanos en privilegio de los extranjeros y los abusos del régimen contra las familias cubanas.
 
El 14 de junio del año 2009, después de 5475 días de cautiverio sin rejas, gracias a intensas gestiones internacionales, entre las que se destacan las del entonces presidente Néstor Kirchner, y a las presiones de la opinión pública, Fidel Castro autorizó que Hilda Molina viajara a la Argentina, donde reside desde entonces.

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