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La Legislatura porteña expresó su "beneplácito por la nueva Encíclica "Laudato Sii" (Alabado Seas), escrita por el Papa Francisco, en la que apela y convoca de manera ecuménica a todos los pueblos y gobiernos del mundo para movilizarse y actuar para salvar nuestra casa común planetaria del desastre del Cambio Climático y la destrucción de la naturaleza".

La decisión parlamentaria se produjo durante la jornada en que se dio a conocer el texto oficial de la nueva encíclica del Papa Francisco, enfocada en la crisis ambiental planetaria, y particularmente en la inminente amenaza de destrucción y desorganización de la naturaleza y la sociedad humana global como consecuencia del cambio climático de origen antropogénico.

Fue aprobado un texto consensuado basado en las propuestas de los diputados Victoria Morales Gorleri y Pablo Bergel. Entre los fundamentos del proyecto, el legislador destacaba que a diferencia de encíclicas anteriores, dirigidas principalmente a la grey católica, ésta se dirige a todas las personas, independientemente de su religión o creencia. "De cara al deterioro global del ambiente, yo deseo apelar a todas las personas que habitan este planeta", escribió el Papa. "En esta encíclica, me propongo especialmente entrar en una discusión con cada uno acerca de nuestra casa común".

Bergel, tras hacer pública en el Recinto de Sesiones su condición de "no católico, no creyente y agnóstico", manifestó su deseo de "dejar testimonio de que me siento directa y personalmente interpelado por el texto que con amorosa severidad nos brinda el Papa Francisco, que procura conmover nuestras conciencias, remover la ignorante o interesada negación e indiferencia, y fundamentalmente comprometernos a la acción, en un movimiento mundial interétnico, multicultural y plurireligioso que ponga urgentemente manos a la obra en las tareas imprescindibles para cambiar enérgica y drásticamente el curso de colisión al que nos somete el actual modo de vida. Colisión con los límites del ecosistema terrestre, cuya capacidad de sobrecarga de desechos sólidos, líquidos y gaseosos se encuentra colmada, a la vez que la capacidad de regeneración de recursos no renovables compromete la subsistencia de nuestros bienes comunes, la vida digna y la salud que requieren y merecen las actuales y fundamentalmente las nuevas y futuras generaciones".

El Papa pide una nueva autoridad política mundial encargada de "... la reducción de la contaminación y el desarrollo de los países y regiones pobres". Si bien el foco está puesto en el cambio climático y la contaminación y destrucción de los bienes comunes ambientales, la preocupación por los sectores y regiones más pobres y débiles de la sociedad planetaria se encuentra claramente presente; el desastre ambiental en curso afectará a todos los individuos de la especie humana y todos los territorios sin excepción, pero serán los más pobres y débiles los primeros y mayores afectados, y quienes se encuentran más indefensos y expuestos al desastre. La justicia climática es también un aspecto inescindible de la justicia social.

El Papa apunta también a las pseudo soluciones obstruccionistas y a los negacionistas del cambio climático: "Las actitudes que se interponen en el camino de una solución, incluso entre los creyentes, van desde la negación del problema, a la indiferencia, a la resignación por conveniencia o la fe ciega en milagrosas soluciones técnicas". El negacionismo ambiental y climático (agregamos nosotros) es tan escandaloso como el negacionismo del holocausto; si el genocidio resulta intolerable para la conciencia contemporánea civilizada, el ecocidio en curso, que también lo supone y conlleva al primero, sigue siendo sistemáticamente negado y devaluado por quienes tienen las mayores responsabilidades en conducir los estados y las naciones.
 
Por ello, la Tierra "está protestando por el mal que le estamos haciendo, debido al uso irresponsable y al abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus dueños y dominadores, autorizados para saquearla. La violencia que existe en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de la enfermedad que vemos en la Tierra, el agua, el aire y en los seres vivos".

Ante la decisiva 21° Conferencia de las Partes de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CNMUCC) a celebrarse el próximo diciembre en París, el Papa está dando potentes señales, a través de simposios en el Vaticano, ahora de esta nueva encíclica seguida de su anunciada intervención en las Naciones Unidas y posiblemente otras acciones y pronunciamientos antes de esa reunión cumbre, de que el tiempo de las discusiones estériles y las postergaciones está agotado, y el tiempo de las decisiones y acciones conducentes por parte de los estados y líderes mundiales debe ser asumido de manera ineludible y responsable.

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